13:00 hrs. Conjunto Santander de Artes Escénicas
| Localidades | Costo |
| Platea | $ 500.00 |
| Luneta Baja | $ 450.00 |
| Luneta Alta | $ 400.00 |
| Balcón Primero | $ 350.00 |
| Balcón Segundo | $ 300.00 |
| Balcón Tercero | $ 250.00 |
| Palcos Platea | $ 450.00 |
| Palcos Primeros | $ 350.00 |
| Palcos Segundos | $ 200.00 |
| Palcos Terceros | $ 200.00 |
Programa 2
Concierto de despedida del Cuarteto Latinoamericano
JUNIO
Fernando Valcárcel director invitado
Cuarteto Latinoamericano
Theodoro Valcárcel
Kachampa*
Astor Piazzolla
Las cuatro estaciones porteñas
Dmitri Shostakovich
Sinfonía núm. 5
NOTAS AL PROGRAMA
Theodoro Valcárcel (1896 – 1942)
Kachampa
Kachampa es una danza tradicional del Perú, cuyo antiguo origen le ha permitido ser depositaria de muchos ritos y símbolos de esa nación. Danza guerrera en principio, que se baila con el rostro cubierto y un lazo como honda, en grupo, para medir la fuerza y el valor. Theodoro Valcárcel se sirve de ella para hacer esta pieza orquestal dentro del nacionalismo americano del siglo XX que, a diferencia del europeo del siglo XIX (que extraía los elementos populares para domesticarlos en un lenguaje de concierto), renueva el lenguaje académico a través de sonoridades ajenas. Recursos que comparten muchas antiguas culturas del orbe, lo que les da un aire arcaico, como lo son las melodías pentatónicas que escuchamos aquí. Y, a pesar de ello, hay en el Kachampa una cualidad individual, el ritmo y los acentos con los que se danza. Ventana al resto de la música de Valcárcel, en el que está esa identidad en obras como el Concierto indio o la Suite incaica.
Astor Piazzolla (1921 – 1992)
Cuatro estaciones porteñas
Estas cuatro obras no parecen haber sido concebidas como un ciclo, Piazzolla las escribió por separado, entre 1965 y 1970. También por separado las fue grabando cada una. Lo sugerente del nombre de cada estación, de su identidad porteña, ofrece la tentación de agruparlas en un conjunto que siga el trazo anual. En cada una encontramos un universo complejo y cerrado, lleno de contrastes, oponiendo motivos incisivos contra largas melodías. Cada estación con un diferente afecto del ánimo. Y al pasar por todo el ciclo, al recorrer ese año entero en el puerto de Buenos Aires, la unidad nos da la sensación de haber transcurrido la vida de un algo. Ese algo es también la obra completa de Piazzola, reconociendo en las Cuatro estaciones porteñas, fragmentos de muchas de sus obras, citas no textuales, sino gestos y elementos de un lenguaje que se fue construyendo a lo largo de todo su catálogo. Las Cuatro estaciones porteñas, son el prontuario de una vida lograda en la música, de un lenguaje personal, de haber conseguido poner al tango en el centro de nuestro ciclo solar, y al bandoneón, ése que escondía de joven en París (para que nadie supiera que lo tocaba), a lado de cualquier instrumento de la tradición clásica. Por eso es muy significativo que hoy sea al revés, que los instrumentos consagrados de esa tradición, como lo es el cuarteto de cuerdas, quieran volverse el cuerpo del quinteto y el bandoneón de Piazzolla, para cerrar también un ciclo de largo aliento.
Dmitri Shostakovich (1906 – 1975)
5ª Sinfonía (1936)
¿Qué es lo que hay que escuchar en esta sinfonía? difícil decirlo, la amplitud con la que se expresa es tal, que no es fácil asir su sonoridad múltiple. Hay que dejarse inundar de sonidos.
Sin embargo, en la dimensión oceánica de esta obra hay una estructura en cuatro movimientos, que puede ayudarnos a trazar un camino para transitarla. Cada uno de los cuatro tiene una manera de establecer la forma A-B-A.
Primer movimiento, el más largo, dos notas van a organizar su discurso, separando las secciones, dando una expresión puntual, angustiosa al inicio a veces heroica, épica como lo es el destino de cualquiera. Esas dos notas parecieran ser la metamorfosis de un fragmento de la habanera de Carmen, aquel que repite la palabra amor “a-mour”, cita revelada hacia el final del movimiento en una dulce evocación.
El segundo es el más corto, con la rítmica que en la larga tradición sinfónica hace uso del juego y la danza (scherzo y trio), en secciones contrastantes.
El tercero es de una lírica nocturnal, melodía maravillosa que se abisma en un largo pasaje con las cuerdas. Contraste tímbrico con el arpa. Un lejano y pianísimo trémolo de las cuerdas permiten el crescendo hacia un punto culminante. Regreso a lo lejano. El arpa vuelve a medir el tiempo y la celesta evoca por última vez la obscuridad melódica. Todo se disuelve en un acorde mayor, como si amaneciera después de esa larga noche.
Cuarto movimiento, sentido de lo épico en constante resistencia frente al destino. Se plantean en oposición dos secciones. Una batalla pareciera irse articulando a partir de ellas. Lo que en el primer movimiento fueron dos notas para desatar el periplo, en el cuarto encontrará en tres acentos la síntesis que articula el discurso en una conclusión. Cada movimiento tiene su unidad de tránsito y drama, pero hay también un esfuerzo de largo aliento donde la pregunta que se hace en el primero, tiene respuesta al final de la sinfonía, ofreciéndonos no sólo la satisfacción de quien llega al termino de un largo peregrinaje, sino que ahí no es dada una forma de redención.
Como lo dice el propio autor sobre su sinfonía: El tema de mi sinfonía refleja la estabilización de una personalidad. Como centro de la obra —concebida líricamente desde el principio hasta el fin— veía a un hombre con todas sus experiencias. Al final, los impulsos de trágica tensión de los primeros movimientos se resuelven en optimismo y alegría de vivir.
¿Qué es lo que hay que escuchar? La maravilla del arte y la cultura de aquel amplio espacio humano que fue la Unión Soviética.
Notas al programa: Raúl Zambrano